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lunes, 21 de marzo de 2016

la vida

Hace 10 años observé mientras iba a trabajar como un recinto que había albergado anteriormente la mayor fabrica textil de Málaga era demolida, quedando una suela de hormigón armado de medio metro de espesor en su lugar.
Calculo que la superficie total de la finca son 10 hectáreas, siendo mas de la mitad dedicada a jardines con una masa boscosa de interés publico y unas 4 hectáreas de uso industrial. El enclave era un lugar de interés medio ambiental.
Este terreno fue vendido para hacer un polígono industrial de diseño y alto standing que la crisis se encargó de paralizar.

El resultado fue un paraje yermo de cemento en la entrada de los polígonos producto de la inconciencia medioambiental del ser humano.
Esto que relato a continuacion es una muestra del poder de la naturaleza la cual se encargó poco a poco de tomar el terreno robado al ecosistema con su forma de actuar, actos a pequeña escala y sin prisas.

Observando lo ocurrido...



 
Este Eucalipto lo considero como el buque insignia de lo que la vida puede hacer para abrirse paso. Este ejemplar pudo atravesar el espeso muro de hormigon armado para asentar sus raices y poder ergirse en mitad de la nada.

Esta imagen me hizo pensar en la energia que transfiere el deseo de vivir ante cualquier adversidad.


Esparcido por frecuentes lugares, encontramos estas pequeñas islas donde se amntonan una serie considerable de variedades plantas autoctonas dandose cobijo unas a otras.


Y si de efecto borde hablamos (aumento de la vida en los bordes por la acumulacion de materia organica desplazada), este ejemplar de Altabaca, nos enseña como el menor espacio que imaginemos sirve de habitad para existir.

 

Esta mimosa tiene, como en el mejor diseño de permacultura, arbustos y plantas rastreras y de bajo porte como elementos en equilibrio perfecto a su alrededor. A su vez estos elementos retienen la tierra que pueda desplazarse por efecto del viento, creando así suelo para atraer mas formas de vida.


Otra mimosa de gran porte surjida entre un suelo imposible.


En el margen sureste de la gran explanada podemos contemplar como se ha creado un pequeño bosque. Este lugar poseía mayor cantidad de suelo de nuevo por el efecto borde. El viento predominante y el talud que lo frena hacen un buen lugar para hacer descansar la materia organica en movimiento.

Tras años de contemplación de este lugar y como ha ido ecolucionando me apetecía mostrároslo. Salté la valla para tomar las fotos y una agente de seguridad muy amable me pidió que me marchará pues era "un terreno privado". Al ver la vida aflorar en cada rincón me hizo gracia esta forma de nombrar el lugar. No podemos poseeer el suelo por donde andamos, ni somos dueños del viento que lo cruza, El cielo que nos cubre pertenece a todos y cada uno de los seres vivos que habitamos aqui. Los Nativos norteamericanos decían que los blancos no comprendemos esta ley.